
La serie “Fargo”, inspirada en la película del mismo título, mantiene la
misma lógica desquiciada marca de la casa Coen, la misma crueldad idiota que
golpea el estómago del espectador pero no engaña a una policía novata. Lester
tiene dragones en las tripas, pero Lorne es un dragón con un peinado aún más
terrorífico que el de Javier Bardem en “No es país para viejos”. A Lorne, como a
Sócrates, le gusta hacer preguntas. Como Sócrates, Lorne quiere que los demás
se conozcan a sí mismos, así que les obliga a preguntarse por lo que hacen, por
lo que no hacen y por lo que deberían hacer: ¿por qué dejas que ese tipo te
pegue? ¿Por qué permites que tu jefa te trate así? ¿Por qué tengo que pagar un
suplemento en la habitación de este motel por tener una mascota pero no por
llevar encima bacterias? ¿Por qué tu padre quería más a tu hermano que a ti? ¿Me
está pidiendo que mate a ese hombre? Sócrates enloquecido y sin conciencia, sin
daimon, sin piedad, sin normas y sin dudas civilizadas, Lorne Malvo nos recuerda
que en Minnesota sigue habiendo dragones. Y, quien dice Minnesota, dice
Valladolid o ese rinconcito oscuro del corazón humano.
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