
No importa cuál sea la cadena, el horario o los programas que compitan en otros canales con el duelo entre Bruce Willis y Jeremy Irons. Si en alguna frecuencia de la televisión española se está emitiendo “La jungla de cristal 3” yo estaré sentado en un sofá a pocos metros de un televisor feliz como un amanecer de primavera. La última vez fue el lunes en Antena 3, y eso que simultáneamente Julia Otero charlaba con Serrat y con Sabina en La 1. Pero me llena de orgullo y satisfacción mi incapacidad para cansarme de ver a John McLane cruzar todo el sur de Manhattan en veinte minutos, entrar en un ascensor con cuatro secuaces de Simon Gruber y quedar sólo él vivo cinco pisos más arriba, o salir propulsado treinta metros desde un tubo de ventilación de un túnel cuando a éste lo inunda una presa cercana. No sé vender un país y después irme a ver un partido de fútbol a cinco mil kilómetros de distancia, hacerme treinta viajes de lujo con mi amante pagados por el Estado o arruinar un banco y obtener por ello una indemnización millonaria, pero puedo decir “yipikaiyei, hijo de puta” mejor que nadie. Ahora la clave está en cómo utilizo esto para resolver mis problemas personales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario