
No importa, porque la tele se muere. Con Internet y los nuevos soportes, le pasa como al Imperio Romano cuando su poder comenzó a desmoronarse tras la muerte de Marco Aurelio. La tele también se desmorona, pero también parece que tardará tres siglos en caer. De momento, su consumo sigue aumentando. Entre los adultos y los niños, entre los españoles y los europeos. El tiempo de ocio aumenta porque el tiempo de no negocio afecta a más y más ciudadanos desempleados. Y el descenso en el gasto destinado al ocio beneficia a la forma de ocio más barata y accesible: quedarse en casa viendo la tele.
Nunca estuvimos tanto tiempo en casa viendo la tele. Internet nos ofrece un mundo a un solo clic, pero eso es demasiado esfuerzo. La tele no necesita ni ese clic porque siempre está encendida. Acompaña a los adultos sin necesidad de dar todo el rato al ratón. Y dejamos a los niños solos viendo la tele porque nos es familiar. La conocemos desde siempre y parece más inofensiva que Internet. En realidad, tendríamos el mundo a un solo clic si fuéramos capaces de apagar la tele y salir a dar una vuelta. Y si sacáramos a los niños de casa para que les diera un poco el aire.
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