
Pues a callar. Dejemos en paz a Urdangarín. Dejemos en paz a Cristina. Y a sus hijos. Y a su familia toda. Pero, vaya lo uno por lo otro, que nos dejen en paz también ellos a nosotros. Que las cadenas de televisión cesen el acoso mediático sobre ellos, pero también sobre nosotros. Que dejen de perseguirlos por todas partes, pero que no nos persigan a nosotros. Que ellos puedan salir a la calle sin tener que salir corriendo porque hay un juicio en marcha. Que nosotros podamos encender la tele y no tengamos que salir corriendo porque hay una boda en marcha, o unas vacaciones, o un noviazgo, o unas vacaciones, o un bautizo, o unas vacaciones, o una primera comunión, o unas vacaciones, o un funeral, Dios no lo quiera. Que la tele deje de ocuparse días y días en sembrar sombras de duda sobre sus personas, pero que tampoco dediquen años y años a sembrar luces de certeza sobre lo maravillosos que son.
El concuñado de la princesa está triste. Merece nuestro apoyo. Por eso pedimos el fin del acoso sobre él y sobre nosotros. El fin del juicio mediático que lo degrada o lo encumbra. El fin de la preeminencia de su eminencia.

1 comentario:
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