
Repasemos los datos: “Downton Abbey” tiene una realización excelente y preciosista propia de las grandes series actuales; pero también sus personajes protagonistas son unidimensionales y monocolor, como corresponde a los personajes de los culebrones. Sus diálogos podrían tener lugar en una explotación venezolana de cacao, pero están dichos con una dicción y una prosodia de una belleza westminsteriana tal, -por Dios, es obligatorio ver esta serie en VOS-, que uno se pasa los cuarenta minutos de cada capítulo buscando y no encontrando el logotipo de la BBC por alguna esquina. Algunas de sus tramas amorosas se ajustan a clichés folletinesco-culebreros, pero también están entrelazadas con referencias al contexto social y cultural, -al Titanic, a la Primera Guerra Mundial-, como siempre hicieron las grandes series históricas. Habría que abrirle las tripas en busca de restos digestivos de otras eras televisivas para confirmar que “Downton Abbey” es en verdad un mamut cuya segunda temporada llegó el otro día a Antena 3.
1 comentario:
Yo opino que más bien se trata de un proceso de Evolución divergente. Dos series separadas filogenéticamente evolucionan hasta tener rasgos comunes. Lo hacen para adaptarse a un medio similar, en este caso un público ávido de tramas fáciles de entender.
Esta es mi teoría. =P
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