
Pertenezco a la generación que iba a erradicar el machismo definitivamente sobre la faz de la Tierra. Estábamos todos de acuerdo. No había duda. Tras milenios de desigualdad había llegado el momento. Igualdad absoluta: en la toma de todo tipo de decisiones, en los roles familiares y sexuales, en el trabajo dentro y fuera de la casa, en los intereses, en la gestión de la fuerza y la belleza, en el respeto, la ternura, la responsabilidad y el deber, en el amor a nuestros hijos. ¿Cómo pudimos ser tan gilipollas?. Han pasado décadas, las generaciones jóvenes asumen los roles sexistas clásicos con mayor convicción que sus abuelos, y Cuatro estrena la cuarta, -¡cuarta!-, temporada de un concurso en el que cincuenta mujeres en modo babosa se arrastran y sacan la lengua jadeando a los pies de cinco hombres para arreglarse la vida pasando a formar parte de sus animales de granja. “Perdone, sólo una pregunta más”, diría el teniente Colombo en esta situación, “¿cuántos granjeros encontraron esposa en las anteriores ediciones de 'Granjero busca esposa' y cuánto han durado esos matrimonios?".
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