
En un momento del diálogo platónico “Protágoras” en el que Sócrates discute sobre qué es el bien y qué es lo bueno con Protágoras, Platón hace decir a este último que hay cosas que son buenas para los caballos, pero no para los hombres; o son buenas para los árboles, pero no para los bueyes o los perros. Incluso, tratándose de árboles, hay cosas “buenas para las raíces, pero dañinas para los brotes; por ejemplo, el estiércol: es bueno echarlo a las raíces de todas las plantas, pero si se te ocurre echarlo sobre los vástagos y las ramas tiernas, lo mata todo. Así también, el aceite es completamente nocivo para todas las plantas y muy perjudicial para el pelo de todos los animales excepto el del hombre; para el del hombre, así como para el resto de su cuerpo, sirve de protector”.
Anne Germain no habrá leído a Platón, vale, pero casi lo parece, porque ha decidido llevar su montaje de fingimiento, simulación y disimulo al teatro, el lugar en el que desde hace miles de años se representan espectáculos de fingimiento, simulación y disimulo con la complicidad del público. Eso sí, como la señora diga en el teatro que lo de ‘contactar con los muertos’ va en serio y no es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro, la fastidiamos: resultará igual de nociva y dañina que cuando sale por la tele.
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