
Supongo que la serie “Spartacus: dioses de la arena” (lunes, Canal +) perdería gran parte de su potencia visual si la banda sonora de las horribles peleas en la arena de la escuela de gladiadores de Capua fuera “Había una vez un circo”, o si cada vez que Batiato se dirige a sus esclavos gladiadores escucháramos las notas de “Hola, don Pepito”. En la brutal serie, que narra los acontecimientos en la escuela de gladiadores propiedad de la casa Batiato antes de la llegada de Espartaco, hay mucha sangre, mucho sexo (a veces tan inquietante como el sexo enmascarado de la película de Kubrick “Eyes Wide Shut”) y frases demoledoras como: “Es una Gorgona con polla que convierte todo lo que mira en piedra”. Pero la sangre de los gladiadores que ensucia la arena sería menos terrible si sonara “Pepe, trae la escoba”. Las orgías sexuales en casa de Batiato serían menos orgías con la música de “La familia unida”. Las frases tremebundas lo serían menos si sonara a la vez “Susanita tiene un ratón”. Y si cada vez que aparece Lucrecia, la mujer de Batiato, escucháramos a Fofó decir: “Señorita, es usted muy bonita, y tiene cara de patata frita”, los niños podrían ver “Spartacus: dioses de la arena” sin que sus padres se agitaran incómodamente en el sofá.
La vida en la escuela de gladiadores de Capua es muy dura. O, como dirían los payasos de la tele, una barbaridad muy bárbara.
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