
Newton mostró que el comportamiento de los planetas merece tanta admiración y tanto asombro como el de la piedra que cae, pero no más. Cuando la caída de la piedra y el movimiento del planeta se consideraban de forma separada, la una parecía natural porque se observaba cotidianamente y el otro parecía milagroso porque es de observación poco vulgar. Newton, como dice L.W.H. Hull, descubrió que el movimiento del planeta y la caída de la piedra son calculables según las mismas leyes, y entonces el movimiento del planeta deja de ser milagroso. La 2 nos muestra todos los días que una playa a los pies de las ruinas de un templo griego merece tanta admiración como una estrella escondida en una galaxia. Un pueblo llamado Corleone puede parecer hermosamente natural porque estamos acostumbrados a observar ese nombre cotidianamente en películas como “El padrino”, mientras que el majestuoso silencio del cosmos parece milagroso. Por eso cuando pensamos en Corleone se nos viene a la cabeza un mafioso con la cara de Marlon Brando a punto de ofrecernos una oferta que no podremos rechazar, mientras que echar un vistazo al universo es una invitación a pensar en Dios o en las leyes de Kepler.
La 2 nos muestra que los confines del universo en la madrugada son tan fascinantes como los paisajes de Sicilia por la mañana, pero no más.
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