
Si han tenido la mala puntería de toparse con el concurso “¡Mójate!”, presentado por Marbelys Zamora y Rafa Méndez, seguro que se han acordado de Jesús Gil y sus “Noches de tal y tal”, de las “Mama Chicho” y de la horrible estética (de ética ni hablamos) que durante tanto tiempo supuró Telecinco. Se puede crecer de forma caótica, ruidosa, desquiciada y fascinante, como esa Atenas que desde lejos parece una ciudad de sal, y también se puede crecer de forma caótica, ruidosa, desquiciada y fea, como tantos lugares del Mediterráneo español, como Telecinco en sus inicios y como esta nueva etapa empresarial de Cuatro. “¡Mójate!” es un insulto al medio televisivo, a los espectadores, al verano, a las piscinas, a la música y al universo. Esos seres humanos moviendo sus cuerpos mientras suena una música que seguro que es la misma que acompaña a Hitler en el infierno, esos chapuzones patéticos, esos primeros planos de las partes más sabrosas de la anatomía de los concursantes, esos presentadores que insisten en que un tipo ultratatuado mueva el “paquetón”, esa estética que avergonzaría a Jesús Gil y esas coreografías que espantarían a la “Mama chicho” menos exigente, hacen de “¡Mójate!” un desierto y de Cuatro una ciudad de vacaciones sin alma.
Creceréis, pero no convenceréis.
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