
Peter Jackson nació para llevar al cine “El señor de los anillos”, y HBO existe para que los millones de lectores de las novelas de George R.R. Martin puedan ver “Juego de tronos” sin sentirse traicionados, estafados, insultados, utilizados o despreciados. Los que no hemos leído “Juego de tronos” hemos esperado la llegada del invierno a Canal + con menos nervios y un poquito menos de frío, y eso puede explicar esta sensación de estar asistiendo con la boca abierta y el corazón en un puño al nacimiento de una obra maestra de la televisión. Desde los títulos de crédito (y no es una forma de hablar), “Juego de tronos” atrapa al espectador no como los científicos del CERN capturan átomos de antihidrógeno, sino como los detectives de Agatha Christie capturan criminales. Los científicos lograron producir treinta y ocho átomos de antihidrógeno y mantenerlos estables una décima de segundo antes de que se esfumasen, pero los personajes de las antifamilias que luchan por el poder en “Juego de tronos” permanecen mucho más de esa décima de segundo, y el espectador no puede esfumarse utilizando el mando a distancia porque es tan imposible huir de las palabras de Tyrion Lannister como de las células grises de Poirot.
Nadie elegiría la vida si tuviera que estar solo, decía Aristóteles. El mundo de “Juego de tronos” (el lema de los Greyjoy, por ejemplo, es “Nosotros no sembramos”) obligaría al filósofo griego a matizar su sentencia. Menos mal que el mundo de reyes y guerreros de “Juego de tronos” es sólo una serie de televisión. ¿O es algo más?
2 comentarios:
El empujón que me hacía falta para verla :)
Creo que hablo en nombre de todos...¿Por qué no ha escrito la columna tu hija?
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