
Teresa Neele se dedicaba en el balneario a bailar el charlestón y tocar el piano. La inspectora Laura Lebrel resuelve crímenes en “Los misterios de Laura” a la antigua usanza, sin necesidad de la ayuda de pruebas de ADN, carísimos laboratorios y detectives con exquisita formación científica. En el primer capítulo de la nueva temporada de “Los misterios de Laura”, la madre de Laura (interpretada por Beatriz Carvajal) hizo un chiste homenajeando una de las citas más famosas de Agatha Christie (“Cásate con un arqueólogo: cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”), el esquema de la serie recuerda a las novelas protagonizadas por Poirot o Miss Marple, el torpe aliño indumentario de Laura Lebrel nos trae a la memoria al teniente Colombo, la asombrosa habilidad de Laura para meterse en líos es parecida a la de Jessica Fletcher en “Se ha escrito un crimen” y el buen ojo de la inspectora para los detalles agradaría al Patrick Jane de “El mentalista”. Eso quiere decir que Laura Lebrel no es Temperance Brennan (“Bones”) ni Catherine Willows (“CSI”). “Los misterios de Laura” es un “CSI” de letras, y una excusa para que los espectadores nos permitamos una fuga disociativa a una serie de crímenes y misterio en la que no reina el ADN ni la bata azul.
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