
La frontera entre la historia y una película histórica salta a la vista tanto como el maquillaje de Berlusconi, pero con un poquito de trampa lógica las cosas no están tan claras. Según la paradoja planteada por Eubúlides, si a un montón de arena le quitamos un grano, seguirá siendo un montón, y también si le quitamos dos granos, tres, cuatro, cinco, seis... ¿Dónde hay que detenerse para que un montón de arena siga siendo un montón? La paradoja consiste en que un montón de arena seguiría siendo un montón de arena aunque sólo contuviera un grano, siempre que retiráramos los granos uno a uno. Si a la historia de Tutankamón le quitamos un granito, no pasa nada; pero si le quitamos otro, y otro, y otro, y otro, al final tenemos una película como “La maldición de Tutankamón”, con el arqueólogo Danny Freemont buscando la “tabla esmeralda” para salvar al mundo del mal, en colaboración con una versión alada del faraón Tutankamón. ¿Dónde está el límite? ¿En qué grano de arena debemos detenernos para no insultar a la arqueología o escupir sobre la historia?
Calma. Películas como “Jack Hunter en busca del tesoro perdido de Ugarit” sólo son divertidos granos de arena que no debemos confundir con la montaña de la historia. Es cine.
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