
“Torrente 4. Lethal crisis” es muy rentable. Vale. Es la de mi madre de rentable y la rentabilidad está muy bien porque esto es un negocio. También vale. Pero a qué precio. Igual que los libros sobre epitafios y enterramientos nacen con el pecado original de necesitar para existir que antes haya muerto un montón de gente, “Torrente 4” necesitó para existir que antes hubiera un montón de horas de televisión de la peor calidad. Y no por la insistente presencia de Santiago Segura en la tele promocionando su cinta, que a eso ya estamos hechos, sino por la desbocada afición del amiguete a introducir cameos de personajes de lo peor de la tele junto a Torrente.
“Torrente es un anormal”, repite insistentemente Segura subrayando que representa lo peor, lo que no debemos ser. Sí, amiguete, pero ¿y Paquirrín? ¿Qué es Paquirrín superestrella en “Torrente 4”? ¿Y qué es Belén Esteban? ¿Es justo que debamos aguantarla en la tele años y años a todas horas para que ahora el cine español rentabilice nuestro sufrimiento y bata todos los récords de recaudación? ¿Y Kiko Matamoros, Carmen Martínez Bordiú, José Campos, María Patiño, Aramís Fuster y Ana García Obregón? ¿No tenemos que pagar un precio demasiado alto, aguantando la tele que aguantamos para que, después de tropezarnos con estos personajes en los salones de nuestras casas durante días, meses y años, nos los vendan convertidos en ídolos pop al lado del brazo rentable de la ley?
1 comentario:
ARGGGGG...En serio,esto es la risión,que es mindundi este ganando tantes perres haciendo el cebollo no tiene precio...¡¡¡PAQUIRRIN AL PAREDÓN!!!
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