
Estos días quedó claro. Belén Esteban es sólo un nodo. Un nodo enorme, un nodo descomunal, un nodo que conecta un montón de nodos más pequeños, pero no nos engañemos: es sólo un nodo. Es capaz de quitarse de en medio y el entramado de famoseo que conecta se sostiene igual. Así los espectadores pudimos elegir el viernes entre pasarnos la noche viendo en Telecinco lo que tenía que contar a un montón de buitres un tío famoso por acostarse con una tía famosa por acostarse con un torero famoso, o pasarnos la noche viendo en Antena 3 lo que tenía que contar a un montón de hienas una tía famosa por acostarse con un tío famoso por acostarse con una tía famosa por acostarse con un torero famoso. Y no importa cuál de esos famosos es la Esteban.
Así que seguiremos dándole a la señora la leña que se merece. Pero mientras disparamos a un nodo de la inmensa red de famoseo que nos envuelve, unos cuantos tíos muy listos seguirán encantados de lo robusto que es su entramado y lo bien que les funciona el negocio, capaz de sobrevivir a un holocausto nuclear. Como Internet. Como las cucarachas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario