
Venga, inténtenlo. ¿Qué no hubo en la programación de Telecinco del viernes? Piensen un segundo. ¿Quieren saberlo? No hubo ficción: ni una serie nacional o extranjera, ni una comedia de humor, ni un culebrón, ni una película, ni un programa de gags cortos, ni una tv movie. Ni siquiera hubo realities, documentales, programas musicales o magacines de variedades. Sólo contemplamos durante el día entero producción propia dedicada a explotar de forma miserable conflictos y enfrentamientos entre la gente, -con la excepción de "Pasapalabra", en donde también hay enfrentamiento pero es amable e inocuo-. Informativos tendenciosos y amarillistas, programas que reproducen de forma extrema los estereotipos sexistas más rancios acerca de los hombres y las mujeres, diez horas, -10, en número; diez, en letra-, de vulgar cotilleo malintencionado y cizañero. No, lo que verdaderamente faltó el pasado viernes en la programación de Telecinco no fue ficción. Ésa era la solución trampa que yo les planteé para dar juego a la columna. Lo que verdaderamente faltó en la programación de Telecinco fue vergüenza.
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