
No sé si cambiar el orden de las noticias serviría de algo. Primero, los deportes y el tiempo. Al final, Irak y el escándalo doméstico que toque. La semana pasada, hasta los futboleros más futboleros terminamos hasta el gorro del partido Barça-Madrid, de la metafísica alrededor de Messi y de la física en torno a Ronaldo. El sábado, por ejemplo, el telediario de TVE-1 mostró durísimas imágenes de mujeres y niñas de la India quemadas con ácido por sus maridos y padres. Estoy convencido de que esas imágenes estaban destinadas a cambiar la vida de cualquier espectador con dos dedos de frente ética, pero el diseño del telediario se encargó de que olvidáramos el ácido a golpe de frivolidad y fútbol. Es cierto que, de vez en cuando, una noticia que nació para ser un adorno efímero en una Exposición Universal se queda con nosotros para siempre, pero no será el caso de las mujeres desfiguradas de la India. Como quiero seguir confiando en la naturaleza televisiva, quiero también creer que el problema de los telediarios no está en el destino de las noticias, sino en el diseño.
A lo mejor Luis Landero tiene razón y algún día el mundo estará gobernado por los poetas y a nadie le faltará nada, como a los pájaros. Mientras esperamos la llegada de los poetas, al mundo le hacen falta muchas cosas y necesitamos telediarios que lo digan en voz alta y que conviertan el ácido arrojado a la cara de una mujer en la torre Eiffel, es decir, en un monumento permanente.
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