
No es fácil aceptar que la reliquia más importante del cristianismo se fabricó en la Edad Media (una época en que el floreciente mercado de reliquias hacía brotar en los más inverosímiles lugares reliquias inverosímiles, incluidas varias mortajas de Cristo), así que en cuanto el carbono 14 dio su veredicto hizo aparición otro bonito truco: las modificaciones “ad hoc”. O sea, excusas que pretenden invalidar una conclusión no deseada. El carbono 14 ya no servía porque la muestra estaba contaminada, algo que asegura (sin seguir los mínimos protocolos científicos) un señor muy fiable.
Lo mejor fue el final: el señor fiable pide una nueva prueba, pero advierte de que un tratamiento antiparásitos aplicado a la Síndone puede alterar el resultado. Es el truco definitivo: si la medición se repite y confirma lo que cree, es válida; pero si lo desmiente, no vale. Qué entrega: antes de morir, el señor fiable dejó como legado una bonita excusa “ad hoc” para invalidar futuras conclusiones indeseables. Seguro que Íker Jiménez se lo agradece.
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