
Después de ver a James Bond jugando al fútbol, todo lo que diga y haga el burócrata de la UEFA con las bolitas será aburrido. Después de que el doctor House meta goles relativistas a porteros budistas, la suerte de esas bolitas nos importa tan poco como el nombre del campeón de Estonia. Para que un sorteo organizado por la UEFA tenga interés, antes habría que emitir un partido de la Juventus, o un documental sobre las mejores jugadas de la selección de Alemania, o un debate entre resultadistas y estilistas. Pero no, nos colocan a Oliver y Benji jugando al fútbol y, claro, es como si dejamos que un niño coma hoy pasta, Coca-Cola y helado en casa de los abuelos y le obligamos mañana a comer verdura, agua del grifo y una naranja en casa de papá y mamá. Así es imposible inculcar en las nuevas generaciones el amor a las acelgas y a los sorteos de la UEFA.
Ya que la UEFA insiste en organizar los sorteos de la Liga de Campeones a las doce de la mañana, las cadenas televisivas deberían dejar bien claro que esos sorteos no son un programa infantil y, de paso, enseñar a los niños a distinguir entre el fútbol einsteiniano de Oliver y Benji y el fútbol newtoniano de la Liga de Campeones. Los niños tienen que llegar educados a los patios de los colegios.
1 comentario:
jaja Si, tienes razón, pero hay que mirarlo por el lado bueno. De esta forma, los niños que vean Oliver y Benji pueden cambiar de canal cuando acabe. En cambio, si fuese después, estarían viendo lo de la UEFA esperando a que empezase... jeje
En fin, la verdad es que no se puede comer cosas ricas y luego llegar a casa y comer acelgas, si. Aunque a lo mejor si no fuese por las abuelas nunca se comerían cosas ricas.
¡Vivan las abuelas!
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